El teatro y la peste (3)
La peste que estalló en Florencia en 1502 brindó a Nostradamus la ocasión de aplicar por primera vez sus dones de curación; sucedió en consonancia con varias y profundas conmociones políticas (derrocamiento o muerte de monarcas, desaparición y arrasamiento de provincias, terremotos, fenómenos magnéticos de todo tipo, emigración masiva de judíos) que anteceden o suceden en el orden político o cósmico a catástrofes y males provocados por gente por demás imbécil para anticiparse a sus efectos y sin el grado de perversidad adecuado como para desearlos.
Sean del tipo que sean las equivocaciones de historiadores o médicos respecto de la peste es dable reconocer el concepto de una enfermedad que, siendo una suerte de formación psíquica, no resultara originada en un virus. Si se hace un análisis exhaustivo de los casos de contagio brindados por la historia o las memorias de la época, será dificultoso para nosotros aislar un único ejemplo debidamente comprobado donde el mal se contrae por mero contacto. Bastaría el ejemplo dado por Boccacio, sobre aquellos cerdos muertos al olfatear las sábanas con que se envolvió a varios apestados, para encontrar una arcana afinidad entre este animal y la naturaleza del mal, la que sin duda merece un análisis profundo.
Si bien carecemos del concepto de una entidad mórbida, habría formas que el espíritu podría adoptar de momento como propias de determinados fenómenos, causando la impresión de que puede comportarse de la misma manera que la peste que tuviera las siguientes características:
Tiempo antes de la aparición de algún malestar físico o psíquico muy notorio, el cuerpo se cubre de manchas rojas que el afectado percibe en el momento que comienzan a ennegrecerse. Sin tiempo para sentir miedo, experimenta en la cabeza un calor afiebrado, la siente de enorme peso, y va a dar al suelo. A la par que lo invade una intensa fatiga provocada por la succión de una terrible fuerza magnética; las moléculas fraccionadas y llevadas a una total confusión que lo hace sentir como si enloquecieran, y atropellándose, fueran a perforar sus carnes. Su estómago en rebeldía experimenta la ingrata sensación de que las vísceras saldrán despedidas por la cavidad bucal. Su pulso desciende a ratos hasta ser imperceptible, a ratos se desata como cabalgadura desbocada acompañando a la fiebre cada vez más intensa, el fluir enloquecido de las fuerzas del espíritu. El pulso y los febriles latidos del corazón se intensifican, haciéndose cada vez más fuertes, pesados y provocadores de desánimo. Los ojos se enrojecen, se inflaman desmesuradamente, se vuelven vidriosos a continuación; la lengua jadeante, que cambia su coloración a blanca, después a roja y posteriormente a negra, como si la carbonizara el ataque del fuego. Todo ello anuncia una conmoción orgánica que no tiene antecedentes. Prontamente los humores corporales, sacudidos por tormentas subterráneas, buscan escape. En el centro de las manchas surgen puntos que arden, y alrededor de la piel se forman ampollas semejantes a burbujas de aire, y éstas aparecen bordeadas por círculos, y el círculo exterior, al igual que el anillo de un Saturno incandescente, delimita el extremo de un bubón.
(continuará…)

yo voolooo “estructura convencional, días sin gloria, alteración del sistema nervioso no más de lo habitual en un tiempo donde la mente vive alterada, sujeto a cambios sin previo aviso, orientación sexual muy juiciosa. Noches en calma, mucho sueño. mucho sueño” [ voolooo en gmail.com ]